Irremediablemente borracha

Posted on mayo 4, 2010

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Soy de alma fiestera, efusividad extravagante y de inagotable pasión. Extrovertida sin remedio, de risa fácil y escandalosa y llena de una picardía audaz. Hago amigos sin cesar, bailo sin pudor y coqueteo con decencia o con indecencia. Mi alma fiestera ha hecho que me desenvuelva bien, muy bien en las fiestas y las disfruto sin medida.
No sé cuando empecé a arreglar las fiestas cuando no estaban tan buenas con trago. O si lo sé, mi primera borrachera fue descomunalmente inolvidable. Llegue a mi casa inconsciente y mis papas fueron víctimas de esa de probable escena. Aun no entiendo como mis amigas, ingratas ellas, me llevaron inconsciente ese día. Pero bueno, ya las perdone.
No me acordaba de nada al día siguiente, solo tenía una nota de mi papa diciéndome que me amaba y que estaba castigada. Lástima que no me sirvió de lección. Así tal cual muerta de la borrachera transcurrieron mis primeras 6 borracheras hasta que mi hígado, muy agradecido él, dejo de reaccionar contra mí, y se acostumbro. Cada fin de semana que me daba la papaya me la pasaba borracha. Unas veces lloraba, otras gritaba, en todas bailaba, unas hasta las 6am, otras hasta las 3pm, siempre eufórica, siempre borracha y nunca con recuerdos.
Unas por despecho, otras por amor, otras buscando el amor. Que el cumpleaños de Daniel, que el mío o el del nuevo amigo. Que se perdió una materia o porque se paso en limpio. Que porque no conseguía trabajo y porque conseguí. Que porque nació mi sobrino, que porque se murió mi abuelo. Que porque me dejo, lo deje o porque en ultimas, nunca nos hemos dejado. Que porque si, y porque también.
Las mismas historias de siempre. Despertarme, buscar el celular, revisar las llamadas hechas, los mensajes, y aprovechando que ya lo tenía en la mano, sin tener la tranquilidad de disfrutar el guayabo, llamar a una de las amigas más cercanas a preguntar entre risa nerviosa, risa de burla y risa de risa, que había pasado. Y siempre pasaba lo mismo. Temprana la noche perdía la memoria y con ello el control de mi. Decía cosas de mas y de menos, noche de extravagancias, sin límites y sin fin. Hasta que no se acabara el último trago posible no se acababa la fiesta.
Y al día siguiente… con las manos vacías. Era la más presente de todos los ausentes, o la más ausente de todos los presentes. Logre dominar mi cuerpo para no sentir guayabo y si era necesario volver a lograr otra valiente borrachera. Logre dominar mi mente para inmunizar los remordimientos. Logre llegar a manipular las historias para no oír lo que no quería y así, tantas veces me quede sin saber lo que realmente había pasado. Logre descaradamente llegar a echarle la culpa a la borrachera, no a mí. Logre ser una borracha famosa.
Logre ser esa borrachita que juraba que nunca iba a dejar el trago, que no se imaginaba las fiestas, ni la vida sin la libertad e euforia que regala este. Imagine cien veces ser la abuelita borracha zandunguera alcahueta. Prometí disfrutar de mis 30´s, 40´s, 50´s como se debía, o sea, rumbeando borracha.
Disfrutaba tomar y me sentía poderosa o importante, o no sé ni que cuando lo hacía, pero levantarme con el cassette en cero no tenia nombre. Era como si nunca hubiera estado. Pero cada vez menos quería o permitía que me contaran lo sucedido, lo evadía, me reía, tenia inmunidad.
Pero un día, luego de una borrachera, claro, pensé o me ayudaron a pensar, que no tenía sentido seguir así. Ese día con unos intentos fallidos antes, empecé a intentar dejar el trago. Sí, yo, esa famosa borrachita alegre y chistosa que sonreía y caminaba torcida.
Entre desespero, orgullo, fuerza, voluntad, decisión, amor, crisis y mil cosas más, llevo ya varios días sobria. No ha sido fácil aunque espero que algún día lo sea. Y además puedo decir que existen días llenos de rabia y soledad donde se me hace agua la boca por un guarito, una cervecita o algo alicorado. Días donde me lleno de insatisfacción por no poder tomar sin emborracharme. Días donde quiero emociones para mi vida, locura, euforia, típico de mí.
Pero lo deje o por lo menos eso intento cada día. Y la vida se ve diferente. La primera vez que me fui de rumba sobria, fue aburrido, absurdo y casi que irreal. Pero luego de aguantarme tanto una rumba jarta, vi una niña, de mi edad, caminando sin poder con ella, ni con su alma ni con su borrachera. Esa fue mi primera lección: Así era yo.
Ahora me atrevo a rumbear. Me atrevo a decir no gracias, no tomo. Me atrevo a pasarla delicioso en las rumbas. Me atrevo a ser yo. Me atreví. Me atreví a bajarme de un tren que pudo haberme llevado lejos. Me atreví a pasar de ser la famosa borrachita alegra fiestas, a la sobria que pasa por aburrida, aunque no lo sea.
Lo único que puedo decir de todo esto a lo que me he atrevido es que la vida se mira desde otro punto de vista. Soy dueña de mi y que bendición. Todo lo que hago, digo, pienso, siento es de la vida real, mío de mi propiedad y nadie me lo quita. Ya se diferenciar entre una fiesta buena y una pésima. Antes todas eran buenísimas; “no me acuerdo de nada, pero me cuentan que estuve feliz”. Ahora escojo yo quien me puede tirar los perros; antes “con quien baile, a quien le coquetee”, cualquiera podía. Ahora me despierto consiente y tranquila, antes no había noción en mi mente de lo que había pasado, intranquilidad de haber regalado un beso o dos millones de besos al que se atravesará, desasosiego existencial y luego, un bajón emocional desestabilizador. Ahora, no subo a la locura y efusión, antes enguayabada bajaba y me deprimía y evitaba saber la cruda verdad. Hoy me hago mi realidad, la vivo, la enfrento y sobriamente la disfruto.
Vivir sin trago es enfrentarse a la realidad, a los miedos, inseguridades, defectos, incertidumbres y deseos. Enfrentarse que a uno no le tiren los perros por no poder perder el control. Enfrentarse a que todas las amigas consigan amor de una noche y uno eso ya no le parece divertido a menos que sea Brad. Enfrentarse a que uno no siempre levanta, y si levanta, uno no siempre gusta. Enfrentarse que si uno es tímido, que si uno es gordo, chiquito o feo.
Pero sobre todo, para nosotros los que no podemos tomar sin querer perder la conciencia, dejar el trago es un reto… un reto que deja solo satisfacciones de vivir mejor.
…y engorda menos.
Mema Carrillo
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