Tantas razones para no creer en el amor

amor

He pensado en todas las razones que tengo para no creer en el amor y seguir la vida así sin alma, con mi corazón solitario libre de sentimientos profundos e ilusiones rosas. Tranquila y en armonía, sin sorpresas ni desengaños. Viviendo plenamente de mí para mí y haciendo todo aquello que deliciosamente se me da la gana.

Y se me cruzaron por la mente tantas y tan acertadas y dolorosas razones que me dije a mi misma, que estaba bien, que por ahí era el camino, que creer en el amor, a esta edad, después de tantos vaivenes no tiene sentido y es poco práctico. Que esperar mi final feliz y al caballero de sangre azul y a ese beso que diga sí acepto y a la sonrisa perfecta con el corazón ideal que late exclusivamente para mi raya entre lo iluso y lo optimista, entre lo sensato y lo demente.

Porque claro, han sido tantas cosas. Tantas relaciones fallidas. Tantas historias horribles. Tantos manes estúpidos. Tantos intentos desafortunados. Tantas amigas con el corazón desangrado de amor. Tantos para siempre que parecían para siempre y no, que claro, tengo más razones para no creer que las que sí.

Como la vez que todo parecía bien y él desapareció de la nada. O como cuando lo intenté todo por aquel amor y él nunca lo vio. O como cuando él lo intentó todo por mi amor y yo nunca lo vi. O como cuando me llenaba de ilusión ver aquel matrimonio espectacular y él resultó siendo infiel. O cuando supe que le pegaban a alguna de mis ellas. O de aquellos amigos que se casaron y no duraron ni seis meses o los que al año se separaron.

Se me pasó por la cabeza un vídeo de mi vida, en cámara lenta narrando cada una de las historias fallidas. O sea todas, porque hasta este momento no ha habido ninguna exitosa. Las que parecían que sí y no. Las que siempre supe que no y no. Las que intenté, intenté e intenté y nada. Las que ojalá sí y ni por las curvas. Las de de pronto es un buen tipo, démosle la oportunidad y obvio no. Las que vulneré mis límites y entregué mi luz y aun así no. Las que sí pero se largó sin querer darse la pela por mí, por nosotros. Las de no eres tú, soy yo, desgraciado inmundo. Las que al recordarlas aun duelen. Por él. Por mí.

O sencillamente tantas veces que sentí que no había nacido para esto. Para el amor. Para sentir. Para entregarme. Para hacer concesiones. Para hacer click. Un match perfecto. Para que sucediera la magia en mí vida y se sincronizara el tiempo, el lugar, las almas, los corazones, las ganas, la decisión, el momento, las estrellas, Cupido, las nubes rosadas, el infinito, los sentimientos, la ilusión, las ganas, el Cosmos, los sueños.

Porque sí. Parecía que no había razones para creer en el amor y más bien me sobraban razones  para no hacerlo.

Hasta que vi su risa.

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5 comentarios en “Tantas razones para no creer en el amor

  1. princesaaa!!!!!! nos enamoramos de nuevo , destinada a los ires y venires pero reconociendo que un poquito de esto y de aquello del amor que nos levanta y nos tira, intentando no ponernos los tenis o las veces que nos ponemos los tenis para salir corriendo, hasta que encuentras otra sonrisa, unos ojos brillantes y otro corazon a quien entregarte, a quien recibirle un poquito de lo que queremos atesorar en nosotros

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